Vuelve la misma cantinela, que de manera cíclica afecta al sector oleícola y que tanto daño hace. Deoleo, uno de los grandes vendedores de zumo de aceituna, ha dado la voz de alerta porque el alto precio actual del producto supone que muchos de los potenciales clientes, sobre todo familias con problemas en su economía doméstica, se pasen a otras grasas que, aunque menos saludables, son desde luego más baratas. De hecho, la compañía advierte que el consumo en España ha caído un 7,7%, lo que supone 22 millones de litros menos. Además, la disponibilidad del producto se calcula sobre las 1.700.000 toneladas, una cifra que supone una garantía para cubrir las necesidades y facilitar el aumento de las exportaciones. Además de que el enlace, para la próxima, se estima en 410.000 toneladas. El error a la baja que han registrado todos los aforos, un 16%, potenció, según Deoloe, que se elevara el precio.
Mientras el sector no sea capaz de sostenerlos dentro de una horquilla en la que todos ganen, todos, los vaivenes injustificados seguirán. Y con esa incertidumbre perpetua se mantendrá la penosa imagen de falta de seriedad que se da al cliente y, desde luego, supone un impresionante lastre que en nada ayuda a conquistar mercados y, mucho menos, a sostenerlos. Resulta prioritario que, a quien competa, tome de una vez medidas y articules los mecanismos necesarios para que el sistema de precios sea el de cualquier otro producto. No se trata de crear férreos controles, sino de imprimir cordura para que todos los que forman parte de la cadena salgan beneficiados. Y, como principales productores mundiales, tener la fuerza necesaria para tener la sartén por el mango.


