El “Plan de colaboración para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas” presentado hace unas semanas por la Ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, para que la gran industria alimentaria reduzca el uso de sal, azúcar y grasas saturadas en los alimentos y bebidas, así como en la restauración, da una de cal y una de arena al aceite de oliva.
El Plan ha sido fruto del pacto del Ministerio de Sanidad y de la AECOSAN (Agencia Española de Consumo y Seguridad Alimentaria y Nutrición) con 500 grandes industrias alimentarias y de bebidas, así como grandes cadenas de restauración rápida y colectiva y de distribución. Desde Mercadona a Nestlé, Pepsico o Burger King. La medida prevé que afecte a unos 3.500 productos de compra diaria en tiendas y supermercados.
En sus 83 páginas, apenas se hace mención al aceite de oliva -la grasa más saludable que existe, avalada por multitud de estudios científicos y médicos- en dos ocasiones. En ambas se recomienda su uso, lo cual resulta muy positivo, pero a la vez se la mete en el mismo saco -sin distinción en su recomendación- que el aceite de girasol y que el girasol alto oléico.
En su apartado 58, el Plan asegura textualmente que debe conseguirse un “incremento del uso de grasas o aceites de perfil nutricional más saludable como el aceite de oliva y de girasol en sustitución de ciertas grasas saturadas”. Solo se habla del aceite de oliva virgen, sin citar al girasol, en el caso del aderezo para ensaladas.
El Plan dice textualmente que entre 2017 y 2020 se intentará un “aumento del 40% al 100% en el número de establecimientos con servicio de mesa que utilizan aceite de girasol, girasol alto oleico y/o aceite de oliva en los procesos de fritura. Así como un aumento del 50% al 100% en el número de establecimientos sin servicio de mesa que utilizan aceite de girasol, girasol alto oleico y/o aceite de oliva en los procesos de fritura”. Sin más distinción entre una u otra grasa, como si las características nutricionales y saludables de ambas fueran similares.
El Plan también establece recomendaciones sobre los usos y productos alimentarios en los comedores sociales de colegios, hospitales o aquellos que tengan que ver con el Ejército o la Policía: más plancha y menos frituras. Con el aumento de la oferta de guarniciones de verduras y hortalizas como alternativa a las patatas fritas y el aumento del 10% al 70% en el número de establecimientos que ofertan platos preparados con técnicas culinarias como horneado, vapor y plancha frente a frituras.
El documento pactado con la gran industria agroalimentaria tampoco hace mención específica concreta al controvertido aceite de palma y su uso masivo en la industria de la bollería y los precocinados.


