A veces el tiempo se detiene. Y algunos de los paisajes mostrados por Camilo José Cela en su Viaje a la Alcarria en 1948 no han cambiado tanto. Muchos de los olivos que vio ahí siguen al margen del paso del tiempo. Poco o nada tienen que ver sus olivos con el nuevo olivar intensivo y superintensivo que crece en media España.
Es el más claro ejemplo de ese olivar árido y solitario que lucha por sobrevivir en medio de la despoblación rural y el abandono hacia la gran ciudad. El olivar de La Alcarria, a medio camino entre Guadalajara y Cuenca, resiste con las mejores armas que tiene al alcance: su variedad autóctona Castellana (o Verdeja o Abucheña Común) y una apuesta por la producción ecológica que le permite sumar euros de las subvenciones por hectárea a su rentabilidad.
Presenta un aceptable rendimiento –en torno al 20%– pero con una producción por olivo muy escasa, entre 10 y 12 kilos de aceituna, llegando en los mejores casos a los 18 kilos de media. Actualmente la Asociación Oleícola de la Alcarria la integran cinco entidades: la Cooperativa Alta Alcarria en Valdeolivas (Cuenca); la SAT Alcarria Baja en Auñón (Guadalajara); Aceites Delgado Fidelco S.L. de Loranca de Tajuña (Guadalajara); la Cooperativa San Sebastián en Villalba del Rey (Cuenca) y la SAT Coagral en Guadalajara capital.


