Cada día, millones de consumidores europeos, niños y adultos incluidos, ingieren grandes cantidades de grasas trans en bollería y repostería industrial, pizzas congeladas, palomitas y otros productos prefritos que comemos a diario. La Comisión Europea acaba de publicar un informe en el que aconseja limitar dichas sustancias, que se producen al hidrogenar determinados aceites vegetales para dar una mayor consistencia y sabor a los productos. El informe incluso habla de restringir su uso por ley para evitar las miles de muertes que provocan cada año. Cuatro países de la Unión Europea, Austria, Dinamarca, Letonia y Hungría ya limitan por ley su empleo alimentos.
El pasado mes de junio, la máxima autoridad norteamericana en materia de salud, la FDA, prohibió su uso en alimentos, salvo autorizaciones específicas, y daba un plazo de tres años para que las empresas vayan reduciendo su uso.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que estas sustancias no deben superar los dos gramos por cada 100 gramos de grasas. Según distintos estudios, en el 77% de los productos con grasas transgénicas, estas sustancias solo suponen el 0,5% de las grasas empleadas. Aunque en otros, como galletas y palomitas, pueden suponer hasta el 50% de las mismas.
Todas las noticias que tienen que ver con la prohibición de las grasas transgénicas son positivas para el consumo de aceites de oliva, la grasa más saludable. Aunque es verdad que la industria alimentaria tiende a decantarse por otras grasas vegetales más baratas, como el girasol o la colza.
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