La próxima vez que vaya a un bar o un restaurante a desayunar una tostada con aceite de oliva preste especial atención al recipiente que el camarero pone a su disposición para servir este producto tan nuestro. Desde el 1 de enero de 2014, todos los establecimientos del sector de la hostelería y la restauración, así como los servicios de catering, tienen la obligación de usar de cara al público botellas irrellenables o monodosis de aceite de oliva en lugar de las tradicionales aceiteras de cristal que carecen de etiquetado. Se trata de un decreto ley aprobado en noviembre de 2013 que, según el presidente de Consumur, Roberto Barceló, «ha pasado desapercibido para la mayor parte de los clientes por falta de publicidad y voluntad de las administraciones».
Barceló afirma que esta medida, en vigor desde hace más de dos años, «posibilita que se incremente la competitividad del sector del aceite y contribuye a que se eleve la calidad del producto que se sirve, ya que el consumidor podrá verificar a través del etiquetado obligatorio el origen del aceite, la fecha de caducidad y sus características». Esta normativa también supone «mayor higiene para el producto, ya que las botellas rellenables que hasta hora se han utilizado no se lavan con regularidad, generan un poso y suponen una situación de higiene poco saludable», asegura.
Dos años después de la puesta en vigor de este decreto ley son muchos los establecimientos hosteleros que han incorporado las aceiteras irrellenables o las monodosis a sus negocios, pero también podemos encontrar locales que se resisten a esta adaptación por falta de información, por suponer un coste más elevado o por la falta de supervisión.
Entre los hosteleros que sustituyeron las tradicionales aceiteras por las botellas irrellenables o monodosis predomina la crítica de que el nuevo método supone un gasto mayor para el establecimiento. Laura Guzmán, propietaria de una cafetería en el centro de Murcia, sostiene, en cambio, que la nueva medida «no influyó negativamente en el negocio; al contrario, mejoró».
«Desde Consumur valoramos esta medida desde una perspectiva de seguridad alimentaria para el ciudadano, pero lamentamos que haya entrado en nuestro país en silencio», subraya Roberto Barceló.


